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Llega a España el bombardeo de protones que cura los tumores más escondidos

LAURA TARDÓN
Madrid

27 dic. 2018

La nueva terapia de radiación con protones para combatir el cáncer ya se ha comenzado a instalar en dos hospitales españoles. Es más eficaz, menos tóxica y estará disponible para los tumores más complicados en unos meses. Arranca la era de la protonterapia.

Un tumor cerebral obligó a Arantza a hacer las maletas y recorrer más de 2.000 kilómetros hasta Alemania para que su pequeño Diego pudiera recibir la generación más avanzada de radioterapia. El niño sólo tenía dos años y los médicos lo vieron claro. Debían descartar la radiación convencional y apostar por una modalidad muy prometedora que en España aterrizará a finales de 2019: la protonterapia.

La misma prescripción le hicieron a Fermín, un hombre de 49 años con un tumor en la base del cráneo. No le quedó más remedio que viajar a Pavía (Italia) para acceder a la que era ya la única vía posible de tratamiento.

Gracias a la radiación con protones, la incidencia de segundos tumores en niños como Diego puede reducirse hasta en un 30%. Al entrar en el cuerpo, argumenta Carlos Ferrer, presidente de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), «estas partículas prácticamente no liberan radiación hasta llegar a la lesión». Allí descargan toda su energía concentrada con la misión de matar el máximo número de células malignas sin lesionar tejidos circundantes. Por eso, los médicos la definen ya como «la radiación del futuro en pleno siglo XXI»
Al no 'tocar' zonas sanas, se previenen secuelas como "disminución de la función neurocognitiva, alteraciones en el crecimiento, en la capacidad motora o formas graves de cardiopatías precoces", explica Felipe Calvo, especialista en Oncología Radioterápica de la Clínica Universidad de Navarra (CUN).

Una virguería tecnológica que está logrando reducir el raro tumor (cordoma) de Fermín. Según su oncóloga radioterápica, María José Ortiz Gordillo, "se encontraba en un lugar de difícil acceso. Su extirpación completa era complicada porque al estar rodeado de estructuras vitales, podía causar su muerte". No se podía emplear cirugía y tampoco los fotones de la radioterapia clásica. "Las dosis necesarias para ser eficaces estarían muy por encima de las seguras y esto podría provocar daños irreparables como problemas visuales, trastornos en la capacidad intelectual y del comportamiento, alteraciones en el lenguaje y la memoria, en la capacidad para deglutir o cerrar los ojos, entre otros". Por estas razones, el equipo médico del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla optó por derivarle a un centro situado en Pavía (Italia) donde sí se aplicaba protonterapia. Su menor toxicidad permite aumentar la dosis en el tumor cuando es necesario, consiguiendo así un mayor control local de la enfermedad, sin dañar tejidos sanos.

"Me fui el 15 de marzo de 2017, el día de mi cumpleaños, sin saber a qué me enfrentaba, y allí pasé dos meses y medio", comenta Fermín. El plan establecido incluía 35 sesiones y según apunta su médico, "estamos comprobando en las resonancias de control que le hacemos periódicamente que el volumen del tumor cada vez es menor y el paciente está estabilizado". Como el efecto no es inmediato y pasan meses hasta que algunas células mueren, "aún puede esperarse mayor regresión en el tumor de Fermín", aclara la especialista.

Las expectativas apuntan alto. Ortiz Gordillo recuerda otro paciente que también tenía un cordoma. Tenía ocho años. "Estuvo en coma tres meses. No había esperanzas. Le derivamos a París y tras el tratamiento con protonterapia, hoy está libre de la enfermedad". También lo está Ashya King, un niño británico que saltó a los medios de comunicación en 2014. Lejos de las acusaciones de secuestro por sacarle del hospital donde estaba ingresado pendiente de recibir radiación convencional, la intención de sus padres era viajar a Praga para poder proporcionarle radiación a base de protones.

Su confianza en la protonterapia era máxima. El éxito de este tratamiento tiene una razón de ser. Sus partículas son bastante más pesadas que los fotones de la radiación clásica, por lo que se pueden dirigir mucho mejor y no sufren alteraciones en su trayectoria. "Podemos parar la radiación allí donde queremos y esculpir sobre todo los tumores que están cerca de estructuras u órganos muy sensibles a la radiación. Por ejemplo: nervios ópticos, cerebro, médula espinal, riñones, especialmente en pacientes pediátricos, cuyos órganos están en desarrollo y son aún más sensibles", expone el radiooncólogo Raimon Miralbell, director médico del proyecto de Protonterapia de Quirónsalud.

Más precisa, más segura y más efectiva. Así describen los expertos esta revolucionaria tecnología que por el momento sólo incluyen 58 centros en todo el mundo en los que se han tratado alrededor de 140.000 pacientes. En España, tras el informe favorable del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) del pasado mes de septiembre, dos grupos privados se han puesto manos a la obra en la construcción de dos unidades especializadas. Quirónsalud prevé estrenarse a finales de 2019 y la Clínica Universidad de Navarra (CUN) comenzará a tratar pacientes con esta tecnología a principios de 2020.

Felipe Calvo, que codirigirá la unidad de la CUN, explica que la protonterapia "produce gran intensidad de radiación por múltiples impactos moleculares en la zona seleccionada, depositando su efecto en capas sucesivas del tumor de forma muy veloz, logrando así la desvitalización del tumor y protegiendo los tejidos circundantes sanos". En la mayor parte de los casos, lo hace en escasos segundos, algo menos de un minuto. El resto del tiempo de cada sesión (unos 25 minutos) se destina a la colocación y posicionamiento del paciente guiado por imagen. Un sistema de escaneado facilita al médico la aplicación de la dosis más adecuada en cada área que se va a tratar.

Las historias clínicas de Diego y Fermín eran de esas en las que no cabía duda alguna de que lo mejor era derivar al paciente a otro país donde sí estuviera disponible esta opción terapéutica conocida por atacar sólo al tumor y no alrededor del mismo. "Los médicos nos explicaron que Diego era muy pequeño y la radiación clásica podía tener consecuencias irreversibles en la movilidad, la capacidad del habla, etc.", rememora Arantza.

Se desconoce el número de personas que, al igual que Diego y Fermín, han recibido protonterapia fuera de nuestras fronteras por indicación médica, pero "se calcula que entre el 2% y el 11% de aquellos que van a recibir radioterapia serían susceptibles de la radiación a base de protones", afirma el presidente de la SEOR.

Sin embargo, "no se están enviando todos los casos", comenta Ferrer, quien aclara que "la decisión de sufragar el tratamiento la tiene que aprobar la consejería correspondiente y ayudaría mucho si contáramos con un documento de consenso científico como aval donde se indique en qué supuestos la protonterapia debería ser el tratamiento de elección por delante de la radiación clásica". En estos momentos, agrega el experto, "desde la SEOR estamos trabajando en ello y probablemente presentemos una guía de recomendaciones el próximo mes de marzo".

Según la Sociedad Americana de Oncología Radioterápica (ASTRO, por sus siglas en inglés), la superioridad de la radiación con protones está demostrada en tumores oculares, los situados en la base del cráneo, en la médula espinal, en pacientes con síndromes genéticos con riesgo de elevada toxicidad, casos seleccionados de reirradiación y también los pediátricos (cerebrales, de base del cráneo, de cuello, pulmón, melanoma ocular, hígado, linfoma y sarcomas).

A medida que crezca la evidencia científica, la lista de indicaciones aumentará. Actualmente, está en estudio su aplicación en cáncer de mama, de próstata, de páncreas, tumores pélvicos, de pulmón y esófago, entre otros.

En palabras de Ferrer, "conforme el listado de indicaciones incremente, la tecnología se miniaturice y se abaraten los costes, probablemente en menos de 10 años, esta herramienta pueda incorporarse en todos los centros de radioterapia del mundo; como una herramienta más, no para sustituir la radioterapia". De momento, 45 unidades de protonterapia están en construcción en todo el mundo. Hace años, podía suponer el desembolso de 150 millones de euros. Ahora, alrededor de 40 millones. En palabras de Rafael Arranz, especialista en Radiofísica del Hospital Virgen Macarena de Sevilla, "una unidad cuesta como dos kilómetros de autopista". O "el equivalente al empleado en fármacos en un año en un servicio de Oncología Médica", subraya Consuelo Guardiola, investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Científicas en Francia.

Tanto Quirónsalud como la CUN han invertido unos 40 millones en sus nuevos proyectos. Buenas noticias, sobre todo teniendo en cuenta que en cuanto se pongan en funcionamiento, ya no será necesario derivar a los pacientes fuera del país. El tratamiento lo seguirá cubriendo el Sistema Nacional de Salud (entre 18.000 y 25.000 euros), pero los afectados ya no tendrán que alejarse de su familia, manejarse en una ciudad desconocida, con un idioma diferente, en una casa que no es la suya y soportando, además, los gastos de los desplazamientos, billetes de avión, alojamiento y manutención. Un buen número de motivos "de estrés que se suman al del cáncer que estás afrontando en ese momento", cuenta Fermín.

A Diego le llevaron a Alemania su madre y su abuela. Echó de menos a su padre y su hermana de ocho años, su entorno, su idioma, su hogar... "Tenían que darle 30 sesiones y estuvimos del 26 de septiembre al 16 de noviembre (2018) fuera de casa. No podíamos ir todos. Mi marido se quedó en España con nuestra hija Daniela".

Cada día, de lunes a viernes, anestesiaban a Diego para que se mantuviera quieto. "Antes, debía estar seis horas en ayunas y te podían citar desde las 07.30 hasta las 16.00 horas. La sesión de radiación duraba unos cinco minutos, pero hasta la hora y media no se despertaba, que era cuando me avisaban para que pudiera acompañar a mi hijo", relata Arantza. "En unas seis semanas tenemos una resonancia para ver cómo ha funcionado el tratamiento".

En las facturas de Arantza, el precio de la protonterapia ascendía a 29.000 euros, 7.000 por la anestesia a menores de siete años y los gastos en Oncología pediátrica fueron 6.000 euros. Todo, sufragado por el Sistema Nacional de Sanidad español. El resto, "supermercado, desplazamientos, avión, alojamiento, lo asumimos nosotros; alrededor de 3.000 euros".

Las dos nuevas unidades especializadas de Quirónsalud y Clínica Universidad de Navarra evitarán estos trastornos. Sin embargo, "no serán suficientes para cubrir al número de pacientes que se estima podría beneficiarse", según el presidente de la SEOR.

Tal y como expone Isabel Gallardo, catedrática de Física Nuclear en la Universidad de Sevilla, "si se hace un uso restrictivo de la protonterapia, se beneficiarán alrededor de 1.000 pacientes al año (tumores pediátricos, algunos cerebrales, de la base del cráneo, oculares y espinales)". Teniendo en cuenta que, según el radiofísico Arranz, "cada sala abarca la terapia de unas 275 personas cada 365 días" y que entre los dos centros privados españoles suman tres, "haría falta otra sala más".

Si "además incluyéramos pacientes en los que se puede mejorar el control local escalando dosis, como en el cáncer de pulmón, de mama, algunos linfomas, tumores genitourinarios, etc, tendríamos unas 20.000 personas que en lugar de recibir radioterapia, se someterían a protonterapia", apunta Guardiola.

Los especialistas consultados por este periódico están de acuerdo en la necesidad de impulsar más unidades de protonterapia en España. Como señala Guardiola, "convendría promover la instalación de algún centro público, que no existe. En los últimos cinco años ha habido algunos intentos, en Barcelona, la Comunidad Valenciana, Murcia, Madrid y Andalucía, pero han sido frustrados una y otra vez".

Lo razonable, apunta Felipe Calvo, sería que "una tecnología con tales beneficios se extendiera a cuantos más pacientes mejor. Depende de que haya entre cinco y 10 unidades de protones activas para confirmar que el rendimiento es grande y no se creen problemas de acceso".

https://www.elmundo.es/papel/historias/2018/12/27/5c1ba72cfdddff4dbc8b4686.html

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2019-05-09 08:18:00

 

 

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